sábado, 15 de enero de 2011

Algunos apuntes sobre el crecimiento

Por algún motivo, en las últimas semanas me he visto involucrado de una manera u otra en varias discusiones a cuenta del crecimiento, el agotamiento de los recursos y lo ilusos que somos los economistas.

Creo que gran parte del problema radica en la extraña mezcla de sobreabundancia de información económica y un conocimiento nulo o muy bajo de la naturaleza de los conceptos subyacentes.

¿Qué quiero decir?. Hagamos un experimento. Coja Vd. una hoja de papel y trate (sin consultar fuentes externas) de definir la palabra "capital" en el sentido que da nombre al capitalismo. Una vez escrita la definición contrástela con cualquier definición semirrigurosa (me vale la de la Wikipedia...). He hecho esta prueba varias veces en directo y creo que nunca un no-economista me ha dado una definición correcta, si bien se trata de una palabra que se utiliza con frecuencia.

Algo parecido ocurre con el crecimiento. Hay un argumento que circula por ahí que trataré de resumir en el siguiente párrafo:
Los recursos no son ilimitados, por consiguiente el crecimiento económico no puede serlo tampoco. Esto que es tan obvio sólo puede ser negado por los economistas pero es algo de sentido común. Hay que poner freno al crecimiento económico, incluso decrecer si pretendemos salvar el planeta.
El anterior párrafo encierra varias patrañas. Vayamos desgranandolas poco a poco.

Los recursos no son ilimitados
 Efectivamente. No lo son. Y los economistas lo saben muy bien. Una de las definiciones clásicas de economía (la de Robinson) dice que la economía es la ciencia que estudia la asignación de recursos escasos susceptibles de usos alternativos. De modo que sí... lo sabemos muy bien. Pero... ¿qué son los recursos?. Pueden tratarse de recursos naturales agotables, como el petróleo o el wolframio. Pueden tratarse de recursos renovables, como la madera. Pero hay más fuentes de recursos: la tecnología es un recurso y aunque no sea ilimitado puede ser continuamente creciente, por lo menos mientras la civilización actual no se colapse. Recursos ilimitados no quiere decir que no haya recursos permanentemente crecientes. Confundir recursos con recursos naturales es algo bastante común.

Pero podemos suponer que nos referimos siempre a los recursos naturales, al petróleo, al zinc o al suelo agrícola. Efectivamente, existe un límite en cuanto a su disposición. 

por consiguiente el crecimiento económico no puede serlo tampoco
La frase anterior implica un salto intelectual de difícil justificación. Por un lado, un crecimiento cero o incluso un decrecimiento económico no significa que no vayan a agotarse en el futuro determinados recursos naturales. Que consumamos cada año sucesivo el mismo (incluso menos) petróleo no significa que no vaya a agotarse. No tiene nada que ver con el crecimiento.

Por otra parte está la incomprensión del significado del crecimiento económico. Para medir el crecimiento económico se utilizan varias medidas pero la más común y extendida es el crecimiento del PIB, el Producto Interior Bruto. En economía muchas magnitudes no son directamente observables, por lo que tenemos que utilizar proxies para tratar de intuir el comportamiento de las mismas. Por ejemplo, la inflación no es directamente observable, por lo que utilizamos indicadores como el IPC o el deflactor del PIB. (El IPC NO es la inflación de la misma manera que el color rojo del papel tornasol NO es la acidez).

Para entender qué medimos cuando medimos el crecimiento tenemos que entender qué es el PIB. El PIB es el valor monetario de la suma de la producción de bienes y servicios de un país durante un período de tiempo, normalmente un año.  Podemos asumir por el momento que el PIB es un escalar resultante de la multiplicación de dos vectores, un vector fila de precios (P) por un vector columna de cantidades Q:

P.I.B. = P · Q

El vector de precios hace referencia a los precios vigentes para el año en cuestión. De esta manera tenemos el PIB nominal. Supongamos una economía que produce dos años seguidos la misma cantidad de bienes, pero los precios han subido, digamos un 3%. El PIB nominal habrá subido un 3%. Para eliminar el efecto de las variaciones de los precios podríamos sustituir el vector de precios en el momento t, P(t) por los precios del ejercicio anterior P(t-1) y calcular así el PIB real. Obsérvese que el PIB real sigue siendo un VALOR MONETARIO, pero utilizando euros constantes o de un período de referencia.


Pero centrémonos en Q. Q es un vector columna con las cantidades de todos los bienes y servicios producidos durante un año. Están los coches, las sillas, los masajes de relax, las clases universitarias, los programas y series de televisión... está ¿todo?. No. Está todo lo que pasa por el mercado. La bufanda de punto que me tejió mi madre por Navidad el año pasado no figura. Tampoco figuran intercambios de trueque o las actividades llevadas a cabo en bancos de tiempo. Es el sesgo de nuestra medición.


Es cierto que si la cantidad de todos los bienes y servicios crece, tendremos crecimiento real. Pero normalmente nunca ocurre esto: hay determinados bienes y servicios que crecen más que otros, algunos desaparecen (¿se siguen ofreciendo servicios de transporte el diligencia en algún sitio?). De hecho, si sustuimos la producción de algunos bienes por otros más caros estaremos creciendo. Hacer productos tecnológicamente mejores es crecimiento económico. Ofrecer mejores técnicas de diagnóstico en la sanidad es crecimiento económico. Hacer electrodomésticos de bajo consumo es crecimiento económico. El crecimiento económico no tiene porque significar un mayor consumo de recursos naturales. El crecimiento económico no tiene por qué ser a base de cantidad... puede ser a base de calidad.


En el caso de los países emergentes es posible que estemos todavía en una fase de crecimiento de cantidad: cuando todos los chinos alcancen a comer lo que la OMS recomienda, tal vez puedan empezar a preocuparse por el bienestar animal de sus granjas, por ejemplo.


Esto que es tan obvio sólo puede ser negado por los economistas pero es algo de sentido común.

¿Sigue siendo obvio para el lector? ¿No le empieza a parecer que el problema es más complejo? ¿Que no se trata del crecimiento sino de gestionar los recursos naturales de forma razonable?


Hay que poner freno al crecimiento económico, incluso decrecer si pretendemos salvar el planeta.
¿De verdad?

viernes, 31 de diciembre de 2010

Krugman sobre el problema español

El nobel de economía, Paul Krugman, tiene un blog en el New York Times y se prodiga bastante por la red. No es que sea santo de mi devoción, precisamente, pero tal vez por eso es por lo que lo sigo con atención: es importante conocer muy bien los argumentos y las posiciones de los "adversarios". En algunas cuestiones estoy de acuerdo con él y éste es uno de los casos. El pasado 29 de noviembre publicó el siguiente artículo que aquí traduzco.

El prisionero español

Ahora mismo, lo mejor de los irlandeses es que son muy pocos. Por sí misma, Irlanda no puede hacer mucho daño a las perspectivas europeas. Lo mismo puede decirse de Grecia y Portugal, el cuál es ampliamente observado como la siguiente pieza del domino.

Pero a continuación viene España. Los otros son tapas; España es el plato principal.

Lo sorprendente de España desde el punto de vista americano es como su reciente historial económico se parece al nuestro. Como en América, España experimentó una gigantesca burbuja inmobiliaria, acompañada por un inmenso aumento de la deuda del sector privado. Como América,  España entró en recesión cuando la burbuja pinchó y ha experimentado un aumento del desempleo. Y como América, España a visto su déficit inflarse gracias a la caída de los ingresos públicos y los costes relacionados con la recesión.


Pero a diferencia de América, España se encuentra al borde de una crisis de deuda. El gobierno de los U.S.A. no tiene problemas para financiar su déficitcon tipos de interés a largo plazo de la deuda federal por debajo del 3 por ciento. España, por el contrario, ha visto el coste de pedir prestado dispararse en las últimas semanas, reflejando los miedos de un posible impago futuro.


¿Por qué está España en semejante problema? En una palabra, es el euro.


España estuvo entre los más entusiastas adoptantes del euro en 1999 cuando se creó la nueva divisa. Y durante un tiempo las cosas parecían ir a la perfección: los fondos europeos llegaban a España potenciando el gasto del sector privado y la economía española experimentó un rápido crecimiento.


Durante los buenos años, por cierto, el gobierno español parecía ser un modelo de responsabilidad fiscal y financiera: a diferencia de Grecia, tenía superávit presupuestarios, y a diferencia de Irlanda trató duramente (aunque sólo con éxitos parciales) de regular sus bancos. Al final 2007 la deuda pública española, como porcentaje de la economía, era sólo la mitad de la alemana, e incluso ahora sus bancos no están ni de lejos en tan mala forma como los irlandeses.


Pero los problemas se gestaban bajo la superficie. Durante el boom los precios y los salarios crecían más rápidamente es España que en el resto de Europa, ayudando a alimentar un déficit comercial enorme. Y cuando la burbuja estalló, la industria española se quedó con unos costes que la hacía no competitiva con otras naciones.

¿Y ahora qué?. Si España aún tuviese su propia moneda, como los Estados Unidos - o cómo Gran Bretaña, que comparte algunas de las características - podía haber dejado caer su divisa haciendo a su industria competitiva de nuevo. Pero con España en el euro esa opción no está disponible. A cambio, España debe realizar una "devaluación interna": debe cortar salarios y precios hasta que sus costes vuelvan a estar en linea con los de sus vecinos.

Una devaluación interna es un asunto feo. Por una parte, es lento: normalmente lleva años de alto desempleo empujar los salarios hacia abajo. Por otro lado, salarios a la baja significan ingresos a la baja mientras la deuda se mantiene. De manera que la devaluación interna empeora los problemas de deuda del sector privado.

Lo que todo esto significa es que las perspectivas económicas para España para los próximos años son muy malas. La recuperación americana ha sido bastante decepcionante, especialmente en el empleo -pero por lo menos hemos visto algo de crecimiento, con el P.I.B. real más o menos en los niveles anteriores a la crisis, y podemos esperar de forma razonable un crecimiento que nos ayude a controlar nuestro déficit. España, sin embargo, no se ha recuperado en absoluto. Y la falta de atisbos de recuperación se traduce en miedos sobre su futuro fiscal.

¿Debería España tratar de salir de la trampa dejando el euro y volviendo a tener su propia moneda?. ¿Lo hará?. La respuesta a ambas preguntas es probablemente no. España estaría mejor si jamás hubiese adoptado el euro - pero tratar de dejarlo crearía una enorme crisis bancaria mientras los depositantes se apresurarían a llevar su dinero a otra parte. A menos que haya una crisis bancaria catastrófica - lo cual parece posible en Grecia, cada vez más posible en Irlanda, pero improbable aunque no imposible para España - es difícil imaginar a ningún gobierno español arriesgándose a "deseurizarse".

España es pues un prisionero del euro, quedando sin buenas opciones. 

Para América las buenas noticias son que no estamos en este tipo de trampa: tenemos nuestra propia divisa con toda la flexibilidad que eso significa. Por cierto, Gran Bretaña también la tiene, cuyo déficits y deuda son comparables a los españoles, pero a la que los inversores no ven con riesgo de impago.

Las malas noticias para los americanos son que una facción política importante está tratando de constreñir a la Reserva Federal, eliminando de facto la ventaja que tenemos sobre los sufrientes españoles. Los ataques republicanos a la Res.Federal - piden que deje de promover la recuperación económica y que se centren en mantener un dólar duro y que luchen contra los riesgos imaginarios de inflación - suponen la petición de que voluntariamente nos situemos en la prisión española.

Esperemos que la Reserva Federal no escuche. Las cosas en América están mal, pero podían estar mucho peor. Y si la facción del dinero duro se sale con la suya, lo estarán.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Sobre las subidas del IVA

Escribí el siguiente texto en Junio pasado, pero no terminaba de quedar satisfecho con él. Como gesto de buena voluntad y con el propósito de continuar añadiendo entradas lo publico hoy. En unos días espero escribir una entrada comentando los efectos que la subida del IVA ha tenido en la práctica sobre la recaudación y el consumo y que podemos aprender de ello:


Desde el 1 de Julio, el Impuesto sobre el Valor Añadido ha subido dos puntos para el tipo general (del 16 al 18%) y un punto para el reducido (del 7 al 8%). La subida viene motivada por la necesidad de reducir el déficit público tratando de aumentar la recaudación. En el presente texto veremos algunas conclusiones muy básicas sobre los efectos esperados directos de la subida de dicho impuesto.


  1. Algunas cuestiones sobre los impuestos al consumo.

Los consumidores se enfrentan continuamente a decisiones de consumo y ahorro. Son las dos únicas posibilidades respecto al uso de la renta disponible: o la consumimos o la ahorramos. No hay más alternativas dadas las definiciones de ambos términos. Es bien sabido que la propensión al consumo (el porcentaje de la renta dedicado al consumo) es mayor en consumidores con rentas bajas que con rentas altas. Parece sensato pensar que una persona con una renta de subsistencia apenas pueda ahorrar, mientras que Sergei Brin o Larry Page no tengan suficiente tiempo como para gastarse una mínima parte de lo que ganan. Dado que un impuesto sobre el consumo, como el IVA, grava a todos los consumidores por igual las personas con rentas más bajas pagan un porcentaje mayor de su renta en impuestos por el mero hecho de que consumen porcentualmente más.

Se podría contraargumentar que el IVA no es el mismo para todos los productos y que los productos de primera necesidad tienen un tipo más bajo, y que, presumiblemente el tipo aplicado a los productos que compra una persona de renta baja es menor. Esto es cierto en parte. Los alimentos, por ejemplo tienen un 7% (ahora el 8%) de IVA. Esto incluye el chopped del bocadillo de los niños y el más exquisito de los jamones ibéricos al alcance de pocos bolsillos. Por otro lado, los pañales, por ejemplo, van al tipo general y son realmente caros y bastante ineludibles.

Los impuestos indirectos, como el IVA, no tienen un efecto redistributivo y son de hecho regresivos por naturaleza (paga menos el que más tiene).


  1. ¿Quién paga el IVA?

La obligación formal de recaudar el impuesto y liquidarlo después a Hacienda es de las empresas: pagan IVA a sus proveedores, lo cobran a sus clientes y liquidan la diferencia periódicamente. Es un impuesto al consumo y debe ser transparente a la actividad empresarial. Quien lo paga en último término es el consumidor, que no tiene la posibilidad de “traspasarlo” al siguiente eslabón. Se trata en definitiva de un impuesto sobre el consumo final.

Pero... ¿quién paga realmente el impuesto?. Vamos a utilizar un gráfico explicativo para ver el efecto de la aplicación de un impuesto sobre el consumo.


Sobre la gráfica anterior (cantidad de producto en abscisas y precio en ordenadas) vemos expresada la demanda D (que nos indica la cantidad que el conjunto de consumidores desearía adquirir a cada precio) y la oferta previa al impuesto S1 que refleja la cantidad que las empresas están dispuestas a producir y sacar al mercado dependiendo del precio. La situación inicial tendría un punto de equilibrio produciendo la cantidad Q1 al precio P1. (Que esa sea la situación de equilibrio no quiere decir que en todo momento y en todo lugar eso sea así. Lo que quiere decir es que en la medida en la que eso no ocurra existen incentivos y desincentivos para ir acercándose a ese punto. Podríamos entender el gráfico anterior como un diagrama de fases e incluir complicadas ecuaciones dinámicas para determinar cómo se aproxima la situación de mercado al equilibrio pero eso no aporta nada, excepto complicación a efectos de lo que tratamos de explicar aquí).

Los efectos de la aplicación de un impuesto pueden estudiarse trazando la curva S2, la oferta aparente con los precios con iva incluído. El consumidor se enfrenta a la oferta con "iva incluido" S2 mientras que los oferentes percibirán los precios descritos por la curva S1. La nueva situación de equilibrio la constituyen los puntos Q2 (menor que Q1) y P2 (mayor que P1). En resumen: disminuirá la cantidad comerciada a la par que aumentarán los precios.

Si nos fijamos bien, la subida del precio de P1 a P2 es inferior al impuesto recaudado (distancia P1-P3). Los consumidores pagan una parte (la diferencia entre P2 y P1), mientras que las empresa perciben el precio determinado por la curva S1, P3. La proporción pagada efectivamente por cada uno dependerá de la elasticidad de las curvas de oferta y demanda como veremos más adelante.

Imaginemos el caso de un producto con una demanda muy inelástica, como por ejemplo los tampones de uso higiénico femenino. Aunque el precio de los mismos aumente es previsible una pequeña disminución en la demanda de los mismos: tal vez se cambien menos amenudo o incluso es posible que determinadas mujeres con grandes dificultades económicas los sustituyan por otras alternativas, pero en general, podemos suponer que la demanda es bastante rígida. Podemos tratar de representar esto gráficamente dibujando una curva de demanda (D) muy "empinada" o vertical. Dejo como ejercicio al lector comprobar que en ese caso, el análisis gráfico prevé una mayor proporción de pago del impuesto por parte del consumidor.

lunes, 12 de julio de 2010

El tabaco y las arcas públicas

Hace unos días mandé una carta al director del Diario de Navarra. No fue publicada, de modo que la copio y pego aquí:

Leo con interés la información aparecida en su diario el pasado domingo 4 de Julio en relación al coste sanitario derivado de atender las enfermedades causadas por el tabaco. Se estima un coste anual en Navarra de 227 millones de euros mientras que la recaudación de los impuestos sobre el tabaco apenas llega a los 150 millones de euros. Parece como si se quisiera dar a entender que los fumadores suponen una pesada carga para las arcas públicas. 

Déjeme sin embargo hacer unos sencillos cálculos más cercanos a la realidad:
Se estima que el porcentaje de fumadores en Navarra está en torno al 27% de la población. Redondeando la cifra es cercana a los 150.000 fumadores. Si trasladamos los datos anteriores nos encontramos con que el coste sanitario anual de un fumador es de unos 1.500 euros anuales mientras que los impuestos recaudados suponen aproximadamente 1000 euros por fumador. Introduzcamos ahora algún dato más: la esperanza media de vida de un fumador es de entre 10 y 14 años menor que la de un no fumador. Teniendo en cuenta que la pensión media de jubilación en España ronda los 900 euros mensuales, esto es, casi 11.000 euros anuales, nos encontramos en el mejor de los casos con que la Seguridad Social se ahorra 110.000 euros en pensiones por cada fumador. No tengo aquí en cuenta que al morir antes, ese fumador medio tampoco hará incurrir a la sociedad en los elevados gastos sanitarios de las personas de edad muy avanzada. 

Si esos 110.000 euros de ahorro en pensiones los dividimos para los 500 euros de déficit sanitario-impositivo, veremos que para que la sociedad pierda dinero con un fumador medio, éste debe fumar durante al menos 220 años, cifra alto improbable. 

Creo que lejos de criminalizar a los fumadores deberíamos concederles como mínimo una medalla al mérito civil, ya que con su lento suicidio hacen una gran labor a favor de las arcas públicas.

miércoles, 30 de junio de 2010

Gasto sanitario en distintos países


Publica The Economist el anterior gráfico sobre gasto sanitario en distintos países. Lo coloco aquí porque me sirve muy bien como ejemplo de hasta que punto de vez en cuando debemos mirar a los datos para no caer en el error de caer en ideas preconcebidas.

He escuchado muchas veces críticas al sistema sanitario estadounidense y el hecho de que la cobertura no sea universal como una especie de argumento según el cual quien no tiene dinero muere en la calle sin ningún tipo de asistencia pública. Veamos qué nos dice el gráfico. Sobre todo, centrémonos en las barras oscuras, las que recogen la media del período 2000-2008. Vemos en él cómo en los USA el gasto sanitario asciende al 15% del PIB, siendo público el 47% (cuadradito blanco de la columna de la derecha). Esto significa que aproximadamente el 7,4% del PIB es gasto público sanitario.

Miremos la columna de España: 8% de gasto sanitario total y un 73% de gasto público, lo que situa el gasto público sanitario en un 5,7% del PIB (aprox.).

Teniendo en cuenta además que el PIB per cápita (a valores de paridad de poder adquisitivo) de los USA es aproximadamente 1,5 veces el español, nos encontramos con que la sanidad pública americana destina aproximadamente el doble por habitante que en España (7,4 x 1,5 = 11,1 ).

Por supuesto, uno no puede quedarse sólamente con las cifras globales, pero apuesto a que a más de uno le sorprenden.

viernes, 25 de junio de 2010

Algunas cuestiones sobre la utilidad y las preferencias

En una entrada anterior comenzábamos a esbozar los conceptos más elementales de la teoría del consumidor. Nuestro objetivo era ser capaces de describir las variables más relevantes subyacentes a la demanda. En economía se suele emplear el lenguaje matemático ya que éste tiene algunas ventajas, como ser universal y difícilmente "reinterpretable" o malinterpretado, y nos permite además formular hipótesis susceptibles de ser contrastadas empíricamente. Trataré de mantenerlo en su mínima expresión, pero lo utilizaré cuando sea necesario.

Hasta ahora habíamos tratado de modelizar las "preferencias" de un consumidor partiendo de algunos supuestos muy básicos. Quizás valga la pena reflexionar un poco sobre la función de utilidad que hemos creado y algunas de las implicaciones que dicho enfoque tiene.

1) La utilidad no es aditiva. Hemos definido una función de utilidad con sus curvas de indiferencia (curvas de nivel) para un consumidor concreto. La utilidad no tiene una unidad de medida, no existen los "utiles" que puedan sumarse como quien suma manzanas. El hecho de que la utilidad no sea aditiva impide que sea utilizada directamente para hacer comparaciones de bienestar: si partimos de una situación en la que el señor A tiene un grado de utilidad a, y el señor B un grado de utilidad b, y quitamos algo al señor A, para dárselo a B, de manera que A tenga un grado menor de "satisfacción" y B uno mayor, NO podemos decir si la situación final es igual, mejor o peor desde un punto de vista de la utilidad conjunta. La utilidad que le "quitamos" a A no es comparable con la que le damos a "B". Para hacer ese tipo de afirmaciones es necesario echar mano de valoraciones morales, y por tanto discutibles e imposibles de contrastar empíricamente. Podemos simpatizar con Robin Hood, pero la Teoría Económica no está ni a favor ni en contra. Es por ello por lo que los estudios sobre bienestar se centran en el concepto de óptimo de Pareto. La Teoría Económica huye de las valoraciones morales: sólamente trata de comprender, explicar, medir y predecir.

2) No existen las preferencias de "grupo". Las preferencias son individuales y no es posible resumirlas en una única función que resuma las preferencias de un grupo de personas. Este hecho viene reflejado por el Teorema de Imposibilidad o Paradoja de Arrow.  Dicho de otra manera, cuando tras las elecciones un político dice "el electorado quiere que blah, blah, blah", está diciendo una chorrada. No existe el "electorado" como una masa unánime con preferencias definidas. Ni es posible desarrollar un sistema democrático que lo haga.

No he visto muchas discusiones al respecto pero me gustaría saber cómo afecta esta paradoja a conceptos tan en boca de algunos como la "ciberdemocracia". Parece que quien decida qué, cómo y en qué orden se sometan a votación las distintas propuestas puede manipular el resultado incluso cuando todo el mundo vote de acuerdo a sus propias preferencias...

3) Es posible saturarse de un bien, de tal forma que no sólo una unidad adicional no tenga un efecto positivo sobre la utilidad, sino todo lo contrario. Dicho supuesto no altera sustancialemente el análisis ni las conclusiones aunque dificulta algo el análisis gráfico y matemático y puede distraer la atención sobre algunos conceptos. En general estas cuestiones no suelen ser excesivamente relevantes ya que suele ser difícil que los consumidores puedan adquirir de todos los bienes hasta un nivel de saturación local.

Continuará...

miércoles, 23 de junio de 2010

Sobre el informe de fiscalidad de ELA

He llegado a través del link de un amigo a la siguiente página, en la que se presenta un informe del sindicato ELA sobre la fiscalidad en Navarra.

No he podido hallar el informe original en la página de ELA ya que el publicado en su página hace referencia a datos similares, pero no de Navarra ya que parece ser que no estaban disponibles en su momento.

La verdad es que me gustaría mucho conocer la fuente de los datos para poderlos contrastar. Presentar un estudio sin citar las fuentes lo convierte en algo, cuando menos, dudoso. Por lo menos se puede dudar de la competencia de quien lo ha preparado, más aún cuando de forma torticera se retuercen conceptos llevando a conclusiones erróneas a quien no esté familiarizado con los términos utilizados. He buscado aquí y parece que los datos no están disponibles todavía.

El informe es un despropósito desde el primer momento. La crisis ha afectado muy significativamente a los ingresos fiscales, y si no, no hay más que ver la evolución de los impuestos indirectos (IVA y otros impuestos especiales) que están directamente relacionados con la actividad económica tal y como puede verse en el gráfico a continuación (Fuente: Gobierno de Navarra)


Pero lo más divertido es el capítulo de las "alarmantes conclusiones". Copio y pego la información de Diario de Noticias:

Uno de los aspectos en los que ha incidido Lakuntza es en las "alarmantes conclusiones" que se derivan del análisis de la renta media declarada en el IRPF, ya que en el caso de quienes tienen rentas de trabajo ésta ha sido de 25.059 euros frente a los 10.130 euros de las rentas profesionales y los 7.203 de las rentas empresariales.

Los empresarios no declaran normalmente sus rentas como rentas empresariales, ya que suele ser habitual que la empresa tribute por el Impuesto de Sociedades y que el empresario perciba un salario por su trabajo. A veces es un salario alto. Otras veces lo fija más bajo si tiene una mayor incertidumbre... A efectos de IRPF se consideran rentas empresariales las resultantes, por ejemplo, de alquilar inmuebles (si se dan algunas condiciones), o las que se le generan al pequeño inversor que ha adquirido un placa solar. Esto es... las "rentas profesionales y empresariales" a efectos de IRPF no es "lo que ganan profesionales y empresarios". Hay asalariados con rentas empresariales y empresarios cuya totalidad de rentas es laboral.

¿Que hay fraude fiscal? ¡¡Por supuesto!! Y mucho, según las estimaciones que circulan por ahí. Pero afirmar que la disminución de la recaudación fiscal no tiene que ver con la crisis es una falsedad tendenciosa. Entiendo que encaje con lo que algunos desean ver, pero los datos son tozudos, las cifras responden a conceptos con definiciones precisas y es importante conocerlas antes de aventurarse a sacar conclusiones.

P.S.- Según pude escuchar el otro día en un debate en televisión, el número de contribuyentes navarros con una placa solar (y en consecuencia, con "rentas empresariales" sin ser necesariamente empresarios) es de... 8000 personas.